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sábado, 14 de julio de 2012

EL COLUMPIO

Cuerda fuerte que se ata por sus dos extremos a un punto elevado, a fin de que en la concavidad o seno formado en el medio, se pueda sentar alguien y, asiéndose con ambas manos a los dos ramales, pueda mecerse por impulso propio o ajeno.

En la época actual, el columpio es un juego necesario y no hay un solo jardín o plaza de juegos infantiles que no tenga una división de ellos: columpios tipo silla cerrada para los párvulos, en los cuales quedan muy bien resguardados; y otro para niños mayores. Hay columpios tipos canasto y también de neumáticos reciclados, con forma de caballo, llamado Pegaso, (Santiago de Chile). Ver http://www.polarity.com/lunarity

En Argentina, según Eduardo M[artínez] Torner (1888-1955), autor de El folklore en la escuela, antes de comenzar el juego se concierta entre las niñas que han de tomar parte, el número de vaivenes que antecederán al canto: diez, quince, veinte, etc. La niña que empuja lo va contando y luego entona la canción hasta llegar al diálogo que establece con la que se está meciendo. El canto y el diálogo han de ir acordados rítmicamente con los movimientos del columpio:

Eche usted la despedida
por la noche y por el día.
Los galanes a la puerta,
la mesa no está compuesta.
El pucherito a la lumbre,
que retumbe, que retumbe.
Tanto como retumbó,
el puchero se quebró.
Ya vienen las monjas
cargadas de toronjas.
Ya vienen los frailes,
cargados de costales.
Vienen las madamas
cargadas de manzanas
y los caballeros
con membrillos peros.


(Hablado).

—¿Dónde estás?
—¿Qué comiste?
—Pajarilla.
—¿Te supo bien?
—Como la miel.
—¿Te supo mal?
—Como la sal.
—Bájate, bájate,
que me quiero columpiar.


Las niñas van meciéndose sucesivamente en el orden que les haya tocado en suerte. La segunda mece a la primera; la tercera a la segunda, etc.

Anoche a la una
cuando me desperté,
desperté asustada
de lo que soñé. Soñé que a mi lado
había un herrero
que le relucían
anillos en el dedo.
Ábreme la puerta
y cierra el postigo;
dame tu pañuelo,
que vengo herido.
Si vienes herido,
véte al hospital;
allí hay cirujanos
que te curarán.


(Hablado).

A una,
a dos,
a tres,
a cuatro.
Deja el columpio;
saltito y abajo.


También se encuentran adivinanzas, una de ellas es

Tengo cadenas sin ser preso,
si me empujas, voy y vengo;
en los jardines y parques,
muchos niños entretengo

Origen. Griegos y romanos practicaban este juego. De Grecia pasó a Italia.

El columpio está unido a los ritos religiosos, era una ceremonia mediante la cual liberábase a las almas del purgatorio, lo mismo que favorecería el crecimiento de las mieses.

Los brahamanes, creían que cuanto más alto subiesen al columpiarse, más alto crecería el arroz, pues la ceremonia se describe como un festival de la recolección.

El columpio era practicado por los letones de Rusia con la intención declarada de influir en el crecimiento de las mieses. Entre la Pascua de Resurrección y el día de San Juan, se dice que todos los rústicos letones dedicaban sus horas de ocio a columpiarse diligentemente; cuanto más se elevaban por los aires, más alto crecería el lino en dicha estación.

Denominación.

Argentina: Hamaca
Chile, Columpio
Perú: Columpio
Alemania: Shaukel
España: Columpio, gronxador (Cataluña)
Estados Unidos: Swings

Dispersión. Se juega en todos los países americanos.

Comentario. En Argentina, en las regiones de Salta y Jujuy, el día 1 de noviembre, se practica con el objeto de sacar almas del purgatorio. En esta ceremonia fúnebre-religiosa, un grupo de personas se reúne a la sombra de un coposo árbol, en el que instalan un columpio que sirve para buscar las almas, ya que en él se monta un joven que al balancearse obtiene hojas de la parte más alta del árbol, simbolizando cada hojita el rescate de un alma.

En Bolivia, en los pueblos de Cochabamba, en la conmemoración del mes de noviembre, los indios, realizan este ritual, en obsequio de las almas, con ánimo de despedirlas. A fin de que se retiren satisfechas a la mansión eterna, en grupo arman columpios, asegurados a las ramas de árboles altos y firmes, al que suben a las mujeres por turno, dando preferencia a las jóvenes, quienes deben mecerse veloces y a gran elevación.

El poeta, parlamentario y diplomático chileno Julio Barrenechea Pino (19l0-1979), Premio Nacional de Literatura 1960, vio con su sensibilidad que los cordeles del columpio tocan el azul final:

Columpios
Columpios con niños al atardecer
al cielo lo aleja y acerca el vaivén.

Rama del columpio nerviosa y jovial.
Los niños se cimbran de modo frutal.

Los cordeles tocan el azul final.
Los niños regresan de la inmensidad.

Hay un aire tenso, cerros sin andar,
árboles parados, agua sin variar.

Los niños le prestan su fuerza infantil
y todo el paisaje se pone a vivir.

Aire, cerros, árboles, agua sin variar,
merced al columpio se dan a bailar.

Todo lo que inmóvil parecía estar
dentro de mí juega como un malabar.

Y yo sin moverme me dejo mecer en este columpio del atardecer.


El columpio ha sido celebrado en la pintura por el español Francisco José Goya y Lucientes (1746-1828) y por los pintores franceses Jean Honoré Fragonard (1723-1806), Gustave Moreau (1826-1989), Pierre Auguste Renoir (1841-1919) con su obra El columpio (1875) que está en el Museo de Orsay (París), Raymond Auguste de Monvoisin (1790-1870) quien captó la psicología nacional, dejando entre sus obras El Columpio el cual es propiedad del Museo Nacional de Bellas Artes de Chile y el pintor español Emilio Salas Francés (Alcoy, Alicante 1850 - Madrid 1910) tiene un boceto al óleo en la colección de Hispanic Society of America, que se pudo ver el año 2000 en Madrid en la exposición de Goya a Zuluaga.

También el chileno Francisco Javier Mandiola (1820-1900), discípulo de Monvoisin y de Alessandro Cicarelli Mencori, tiene entre sus obras una intituladas, precisamente, El Columpio. En escultura lo ha realizado Iván Daiber Vuillemin (1955), arquitecto de la Universidad de Chile, realizado para una sala didáctica del Museo Nacional de Bellas Artes (Santiago, Chile) se llama Columpio-Pez.

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